James Gray firma su película más completa ,clásica y cubierta de mátices hasta la fecha.
Con un tono que nos recuerda conmovedoramente a producciones cómo el Padrino II o Érase una vez en América el director nos cuenta un melodrama con tintes épicos sobre la supervivencia de una inmigrante polaca (Marion Cotillard) en la América de los años 20.
El film está rodado con una exquisitez crepuscular regalando planos tremendamente dramáticos y a la vez de una belleza conmovedora que logran transmitir momentos de una honestidad cruel y cuánto menos emotiva en su fondo.
La producción está cuidada hasta el más mínimo detalle ayudando a los pequeños momentos en que el guión balancea su consistencia.No quiero decir otra cosa que,aún siendo una gran producción,la película prefiere sentirse íntima en sus formas y mágica en sus cinéfilos modales.
Ver llegar al personaje de Marion Cotillard en barco con la estatua de la Libertad de fondo cómo en en El padrino II lo hizo Vito o ver a al personaje que interpreta Joaquin Phoenix vestido de la época con un clavel en la solapa paseando por el NewYork de los años 20 cuál Vito Corleone en sus mejores tiempos són planos hipnotizantemente bellos.
La actuación de Marion Cotillard recuerda a ésas actrices del mejor cine mudo que con un gesto o una mirada reflejaban su estado anímico,demostrando su afán por luchar y no desvanecer,el emotivo momento en el que descubre en sus adentros un sentimiento cómo es el perdón...una delicia verdaderamente disfrutable,logra que empaticemos con su personaje rápidamente.
Pero Joaquin Phoenix no se queda atrás,y construye un personaje tan dramático cómo enternecedor,esculpiendo la frustración y la dulzura en los arraigados matíces de un proxeneta sin principios pero con un corazón enorme.
Dos interpretaciones que al mezclarse en pantalla son pura poesía visual,dejando quizás algo más rezagado al personaje de Jeremy Renner el cuál cierra un trágico trío amoroso.
La banda sonora consigue recordar a ésas grandes partituras de compuso Ennio Morricone para Érase una vez en América y El Padrino dejando paso para el silencio en las escenas más duras y potentes actoralmente hablando.
El director es fiel a su cine y no regala la típica historia de superación y posterior felicidad,va más allá y en una memorable escena final deja rienda suelta a unas actuaciones desgarradoras para poner el broche de oro a una historia no apta para todos los públicos y me atrevería a afirmar que sólo gustará a aquellos que cómo yo echamos de menos ésta clase de cine que destila aroma a clásico.
Sin desmerecer la totalidad del metraje me quedo con el prólogo y el buen hacer de actores y director que han conseguido que una minoría nos reencontremos con ése cine olvidado que nos parecía tan trágico y precioso a la vez.

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